Estoy
acostada discutiendo con mi mujer. No sé que dice, no entiendo nada de lo que
dice, ni siquiera sé si está gritando, llorando, sonriendo o burlándose. Está
hablando garabatos. Puros suspiros.
-Dije
que no entiendo.
-Entiende.
-No
entiendo.
-¡Entiende!
-No
hablo garabatos.
Estoy
temblando. Mis muñecas piden a gritos dolor, queman, me arden, hasta me duelen
sin querer. Se hace un mar de dolor, como el de aquí, rico, caliente, ardiente,
muy delicioso.
Sigo
acostada, pero no estoy.
Hay heridas,
hay sangre, hay lindos y filosos cuchillos en la cocina. Voy a ir, pienso…”Como tú, mi héroe, quiero matarme”.
Quiero un
27 de diciembre agonizando.
-Perdón.
Soy cobarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario