10 de junio de 2013

Es por ti.

Dedos entrelazados entre tus propias manos, tu propio cuerpo. Masturbación, siempre tú.
Dedícate a lo que más quieres, empieza a planear ya tu suicidio limpio, típico y mental con todo lo que quisieras escupir a tus amantes: joyas y palabrería. La luz que entra por tu ventana con tanta madera de ilusiones no te permitirá distinguir nunca más el azul del rojo.

Este dolor punzante en el sacro te está presionando contra el cemento de la desesperación. Hazlo, respira y solo hazlo. Encájatelo, sacúdetelo, embárratelo y después cómetelo. Has jugueteos con la soga, brinca al aire y después regresa, rómpete, ábrete, golpéate, mátate y después solo silba todo tu amor al instante.

Yo, por mientras, le dedico una sonrisa a tu corazón sangrado, a tu boca tan seca como la goma desértica de silencio cargado de llanto, tus labios torcidos y descontrolados. Tus labios suaves, vacíos y sin detalle alguno… delgados como las letras.

No tienes más que trescientos intentos de tatuarte el nombre de tu pasado en la piel, de rasguñarte con cualquier alfiler para saber que no se ha podido no sufrir en este largo camino de la vida. Tú no tienes la culpa, tú déjate arrastrar por el drama, al final, es lo único que te puede salvar, la ropa vieja, el llanto seco, la vida amarga, los malos ratos, los dedos delgados y los pies descalzos clavados entre las piedras de un pueblo tétrico y fantasma. Tú solo estás enojada con la vida que te ha tocado, nada más, sigue tejiendo el algodón del dolor, sigue.

Ve y despedaza tus errores, solo tú sabes dónde estás. Situada en el más recóndito abismo a punto de caer, a punto de vencer el soplido que el mismo aire reclama por tu impaciencia. Y tan solo sabes que el peor de los secretos lo tienes escondido en el clítoris explotando en cada orgasmo, en cada violación entera y física, en cada recuerdo bloqueado y cada asesinato realizado por tus manos, por tus neuronas y tu memoria fotográfica colosal y eterna. Benditas imágenes que solo así revientan en cada misterio de tus lágrimas.

Ya te has cansado de gritar y sigues haciéndolo, no pares hasta tener el privilegio de callar.
y "para ver tu cerebro algunas horas"*

Pues solo así has logrado entender el odio en el que estás inmersa…

…y que si por algo escribes, es por ti.




*algún ente deseoso por dormir.

8 de junio de 2013

Hoy declaro mi suicidio

No sabría decirte a que mundo me adentraré esta madrugada, pero debo confesar que ansiosa estoy por retomar mis noches de pasiones enfermizas de aquel entonces cuando tenía apenas 6 años, pues sin llanto y con miedo recorría todo mi cuerpo y al reconocerme, tocaba cada pedacito de mi, conformando las heridas más profundas de mi piel de niña.

Quizás quería desde entonces cortarme las venas con lo más filoso que tuviera o tan siquiera partir mi cuerpo en dos, justo como una autopsia letal. Pues siempre he sabido que dedico mi vida a vivir en un anfiteatro mental, deseando cortarme cualquier parte de mi cuerpo en pedazos, pero precisamente para sentir como se encaja cualquier metal o el filo de un espejo estrellado con mis propias manos sangradas.

Cuando retomo el tema sé que siempre he tenido el vago y delicado deseo de rasgarme los ligamentos o los intestinos mientras observo cada detalle de mi certera supervivencia, de mi instinto por morir y mi miedo por la duda, pero mi placer a la incertidumbre...

Y es que siempre todo esto comienza como una simple gota de lluvia, por un ¿por qué? pero se convierte en gritos de tanto relámpago al formular el ¿cómo?. Mi mente es la tormenta más grande que he conocido hasta ahora. Y tal vez no quisiera imponer la verdad del orgasmo vital en el que me encuentro, pues al final sólo el artista que soy la entiende, pero sé que me tomará una eternidad demostrar que sólo con innovación lograré formular el mejor de los suicidios en la historia de esta decadente humanidad.

Por tanto, les recomiendo simplemente tener papel y lápiz a la mano, y quizá sea necesaria hasta una cámara y abrir todo el lente para detallar perfectamente lo que vendrá después de que deje de gritar y me mantenga en silencio.

Pues solo así será verdad…