24 de octubre de 2012
Inevitablemente efímero (Instantes nocturnos con J. Talaván)
[La noche caía, el allá y yo aquí, sin todavía conocernos estabamos amándonos pero en un silencio eterno, un instante cambió nuestras vidas. Yo corrí, el no tomó mi mano, solo observaba lo torcida que estaba nuestra mente, y así, me dejó huir... ]
-Y tú, ¿qué tan torcida tienes la mente?
-Licor de durazno
-Suavicremas marinela con un toque de vino tinto tal vez. Me parece perfecta tu respuesta
- Aceitunaje flotando centrípetamente en un pequeño fondo de Martini con olor a perfume de mujer
-¿Cual mujer?
- Una, ni idea quién
-Todas las mujeres que he probado, saben, huelen y son distintas.
-Pero espera, no sabemos hace cuánto está el vaso, si está incompleto es porque lo estaba tomando y abandonó el lugar. Todos sabemos que nadie deja la aceituna, debe haberse ido por causas mayores. (Guiña el ojo izquierdo)
-Ella corrió por su vida, se tenía que salvar, por eso dejó la aceituna
- ¿Cómo era el trago de la persona que después la persiguió?
- No, no era un trago, solo un cigarrillo con punta fosforescente, tal vez con algún sabor artificial a yerba buena. Solo sé de su traje color crema y un pañuelo enroscado en la parte delantera del saco, color rojo. Oye, ¿y tú como sabes que la persiguió?
-¿El rojo era color del pañuelo o era una mancha de sangre? Nadie deja la aceituna por una caminata simpática tiene que haber sido una persecución
-¿Crees que con tinte maléfico solamente? Yo no, yo creo que era más como… un escaparate de amor
-Es posible
-¿Qué tanto?
-Que la amaba tanto que quería asesinarla
-No exactamente por su propia mano la mataría. Creo mejor dicho, que ella corrió del amor, ya que sabía que ella misma se suicidaría. Ella sabía que venía a amar a esta vida, él era el indicado, así que corrió, pero ¿tú sabes si pudo alcanzarla?
-Lamentablemente no, y no por no haberla alcanzado físicamente. La llegó a ver a distancia antes de hacerlo, hasta vio cómo su vida terminaba al saltar por ese puente pero no la salvó, no la hizo recapacitar, ¿por qué?
-Porque él entró a esa cantina con un propósito: Dejar huella y huir. Él sabía que era por él. Por él ella huyó, por él, ella dejó su aceituna flotando, tal como quiso hacer con su cuerpo, volar... flotar por el amor que el instante creó. Y él ya sabía, él solo quería huir, por eso la dejó huir a ella también
-Por eso dejó el cigarrillo encendido
-Consumiéndose solo…justo como él se quedó
-Inevitablemente efímero
-Como todo, como el amor, como tú… y como yo.
[Al final, solo eramos dos bohemios jugando a estar torcidos, pero de amor...]
3 de octubre de 2012
Tengo ganas de ti, instante de lucidez.
Ahora corramos juntos.
Puedes ayudarme a arreglar este desastre si quieres. A lo mejor si nos esforzamos podría quedar algo mejor.
[¡Pero qué pinche desmadre he creado! A ti no te corresponde limpiar mi mierda, pero dicen y sé que sola, sola yo no puedo. Yo me enredo, me embarro mas mierda, me convierto en la escoria de mi propio dolor y tu ahí, indefensa, con tu mirada de ángel tratando con el demonio idealizado del dolor a flor de piel, al rojo vivo, ardiente con seiscientos sesenta y seis limones lo sigues intentando. Dicen que me sigues amando…]
Oye, sola no puedo.
"Hay que correr Antonio"...
Ahora juntas...
Justo ahí, así...
Y justo ahí, justo como siempre he creído, en un mundo ilusorio, lleno de hojas etéreas, vida utópica estás tú, donde tu respiraron sigue cerca de mi oído, tu aliento dándome vida. Justo ahí estaremos vivos por siempre, al final del arcoíris, al final del acueducto, ahí te veré. Cruzare por ti, hacia ti. A demostrarte que sí se puede, no solo a la mitad. Y si en el intento llego a caer, será a tus brazos.
¿Qué tipo de melancolía es esta? Donde tengo todo y sigo sufriendo...Es que, ¿dónde estarás exactamente?, es más, ¿estarás? ¿De verdad me estarás viendo? A veces miro al cielo y siento que te observo... Que ahí, en lo más recóndito del cielo estarás sonriendo, siendo feliz al fin, habiendo encontrado esa sonrisa que habías perdido, que tanto te faltaba...
A ese estúpido suicida
A los 19 años me enamoré de un gran hombre suicida, infeliz, loco y obsesionado a la medicina y los bisturís. Realizaba alrededor de quinientas suturas al día en época de exámenes finales. En ese entonces yo solo lo observaba desvelarse a través del monitor. A veces también lo escuchaba, a través del teléfono, con una voz impávida, delirando tecnicismos medicinales sobre el cuerpo humano.
Tanto fue que se cansó, tanto se desveló, tanto no quería tener tiempo para vivir, que ahora solo quedó al aire tanto esfuerzo y dedicación. ¿Habrá sido la enseñanza de la pasión pura a la profesión, el haber dado su último cansancio de vida al arte medicinal?, pero es algo que nunca basta, la pasión no le bastó, su inestabilidad y desilusión en la vida fue mayor, fue su error, vivir para sentirse desilusionado.
Él nunca supo lo mucho que fue para mí, se dedico a recordar constantemente su dolor al vivir, no al disfrute de lo que podría hacerlo olvidar el tedio de la vida real. Yo me enamore de él, siendo lesbiana lo amé, como nunca había estado dispuesta a amar a un hombre. Lo amé como una novela dramática, conmemorada, con titulo muy artístico. Tanto pero en un silencio eterno, con miedo de alejarlo, de perderlo.
Pero que reventada es la vida, te acuerdas? Uno hace y otro deshace. Así mismo. El se deshizo y yo con ímpetu quise deshacer mi amor y admiración hacia él, hacia su existencia y hoy, el ya lo sabe, sin estar, sé que lo sabe. Se suicido, voló, no sus sesos pero si sus ilusiones. Termino su camino, le dio finito. Con una firma infinita en mi corazón.
Me enamoré de un gran cobarde, de un estúpido impostor pero que tanto amé.
A los 18 años me conoció, a los 19 me enamoró, lo viví, le perdí y le lloré. A los 19 años me enamoré de ese estúpido suicida.
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