28 de abril de 2014

Y así se nos fue la vida...

Escribir se ha convertido en el desahogo más mentiroso de este destierro incoherente del cerebro.
La puerta está en un constante vibrar, en un silbido de mis ojos, en el secreto de un adiós.
 Se me acabo el aliento, se me acabo la mirada congestionada de amores pasajeros, se me sacudió el ADN de mi sexo, de mis suspiros, de mis lagrimas convertidas en pintura.

Burbujas tronadas de amor, desaliento, ahogo, gritos, silencio.
Dedos cruzados, saliva escurrida ante tu inexistencia, ante el despecho, ante el desalojo, la demora, el tiempo…
Suspiros de dolor los que cuentan mis pezones, mi propio corazón se volvió un vidrio fundido en el calor del pasado.
Mis alas de colibrí flotan ahora al vaivén de sonrisas e ilusión, y mientras… se nos iba el tiempo.
Y solo así, sin frío, sin nada, sin aire, me fui flotando, me fui corriendo.

Levanté las manos y huí.
Huí completamente desnuda, indefensa, escapé.

Así me fui sin voltear, sin esperar. Me di la vuelta y patee las apariencias que hay en mis ojos, en mis dedos, en mi boca. Me di la vuelta y emprendí el vuelo de mi libertad incondicional. Vomité el misterio de trescientos golpes y doscientos cicatrices en mis muñecas.

Me di la vuelta a caer, a ir rápido, a no parar, chispido, vibración, instante.

Así volteé mi propio mundo como un reloj de arena, así tan de repente, como mi propia esencia lo pide, lo grita, lo exige. Así, sin daño, así sin miedo, así, así tan delicado y sutil.
Una llamada y adiós. Un beso y adiós, un hasta luego.
Se derritió mi corazón, se consumió, se me terminó la dosis de sueños idealizados, de batallas sin sentido, de luchas inconclusas. Se calló el ritmo, se consumió.
Y así… extrañamente, delicadamente, ante mis manos me encontré el final de ti.

Y así… ante mis manos me fui consumiendo, así me fui apagando, me fui carcomiendo, soplando, llorando. Y solamente así se nos fue la vida en repeticiones inconclusas.

10 de abril de 2014

Y así llegamos todos (Pionero 59)

Embutido plasticoso.
Gris de los dioses mortales.
Silencios atornillados
con ladrillos de papel.

Ojos que escupen al alma,
temblores acumulados.
Personaje ante el reloj
que despierta amenazas.

Escoria divina,
del ser humano, del ser maldito
del santo coagulo que nos hace coexistir.

Coleccionamos calcomanías,
cantando salmos del mismo
llanto dormido
que encapsula nuestra vida.

Llegamos como sin chiste,
en silencio hemos vivido,
y el naranja azucarado
acumuló mil y un ciclos.

Volcamos las ilusiones,
imposible una mirada,
y el extraño del amor
entablilló el estornudo.

"Un beso, adiós"

El pero delante de las razones.
El enfoque de una palabra detrás de sus oídos, mirada de desalojo.
Verdades,
desilusiones, 
entendimiento,
descontrol, llanto.

Mujerzuela destrozada.
Violetita con negro en las pupilas.
No.
Desviación del ánimo.
Cerebro, otra vez no.
Garabatos en el alma y en el corazón.

“Un beso… adiós.”

Un pequeño secreto de Dios

Un vaso sigilosamente colocado a la orilla de un baúl existe.
Y el dolor que existe en la ópera se le descompone a una mujer entre golpes y una almohada.
Entresacadas de pasión, entre labios, entre dientes, manos y pestañas.
Entre tanto, entre piernas, entre labios, entre mi sexo.

El miedo petrifica el cántico del mañana. Descompone las conexiones del lenguaje, grito de un columpio rechinando.
Benditas cuerdas vocales.
Garganta sagrada, saliva para los dioses.
Furia.
Silencio.
Demora, silbido agonizante.
Huida, triste huida...

1 de abril de 2014

Cuando sea grande quisiera ser vagabundo

Ahí, sentado bajo el sol, suplicando recibir, suplicando un centavo. 
Ahí, sin sueños, ahí desgraciado. 
Sin saber siquiera que desde que lo veo, desde que llego en mi coche, con mi celular, mi bolsa y mi dinero, más me da él con su simple existencia que yo con mis pinches 20 pesos y demás posesiones.

Un vagabundo me regala el mayor de sus secretos. Él sí es rico en alma. 
Así que si algún día pudiera ser grande, recaudaría mi poderío en ser la mirada de un mendigo. 

En vez de 5 monedas que yo pudiera darle, él me sonríe, él reacciona, él agradece y me regala la razón de mi existir. 
Los plátanos se han vuelto el regalo más valioso para mis pasitos por la vida. La contribución en especie es el lenguaje del universo, pues me hacen comprobar, uno a uno que mediante mi existencia, Dios y el mismo diablo se valen para escupir rayitos de luz. 

El silencio de la tarde nos cobijó y mi corazón latía más rápido que mis alas de colibrí. 

Yo no soy la que acciona, yo soy la que recibe, pues cada una de sus reacciones se irán conmigo hasta el día de mi muerte, estarán guardadas en mi silencio por el resto de mis días hasta que la tumba tape mi respiración. 

Un vagabundo es mi aliado, mi guerrero, mi fuerza, mi mayor secreto. 

Ojalá algún día me toque ser el....