Hoy me encontré con lo mismo de siempre, uno, dos, tres y volvemos a empezar, tarareando minuto a minuto la misma pinche canción que solo tú y yo sabemos balbucear sin más razón.
- --
Entonces, ¿en dónde estás y quién eres?
-
-- ¿Qué quieres?
No quiero crecer, por eso me ignoro. Me gusta sentir que
todavía falta, me gusta sentir que estoy en la perdición, cayendo, volando pero
vibrando sin rumbo, golpeando, flotando pero sin medida del tiempo y del
espacio. Lloro, solo estoy llorando la nostalgia del pasado que se fue y el
futuro que no llega. Solamente soy el silencio de Ivone, la negación de
Antonio, y el respeto a Armando, soy lo que pretendo ser sin dejar de sentir
lástima por mí misma. ¿Quién digo que soy?
No sé lo que estoy diciendo, aunque quiera saber algo, en el
instante que me miro, me miras, y me miran, vuelve la duda de estarme viendo. Estoy
cayendo en el ciclo de mi egocentrismo, de mi vanidad, de no pretender saber, estoy
soplando al mismo viento, cambiando de parecer y quedándome en silencio ante mi
nombre de pila. Estoy perdida entre tanta decadencia, es mía, mía y de nadie
más, aunque quien sabe…
- --
¿Cuál dices que es tu nombre?
Esa cierta quietud de mis ataques descontrolantes me dicta
la sentencia marcada ante el instante que tus manos marcan el ritmo del tiempo.
Mutamos, rompemos, callamos y sonreímos, besamos, cantamos, lloramos y volvemos
a lo mismo, una dosis de mi existencia, un recuerdo de tantas pasiones contenidas,
de tantos deseos robados, de tanto llanto perdido, de tantos gritos de desespero,
de tantas letras flotando en el aire, de nuestras voces diciendo algo…
Un choque, un grito, un pleito, sexo y repetición. Así, jalándome
los cabellos por salir de ese abismo donde yo quiero estar para toda la vida, un
mata moscas rompiendo con cada pensamiento, fractal de mi vida, corazón de
pasa, llanto de esperanza, soplo de ilusión. Es un hilo que no cae, que conecta
mis neuronas, que retumba en mis dedos, que empaña cualquier razón.
- -- Entonces, ¿ya?, dime ¿en dónde chingados estás y
quién puta madre dices que eres?
Es hablarme al espejo, es observar transparencias, escuchar
mi propia radio sin cambiarle de estación. Vuelve al mismo destino, la calma
para la escucha, el susurro mas interno de todo este silencio. No estoy callándome
nada, estoy hablando de más, estoy dudando de todo para comenzar a hallar lo
que tanto tiempo quise por las noches descubrir, es un secreto guardado del
misterio de tu ser, que constantemente habla sin siquiera responder.
Estoy cansada de hablar, pero sigo escupiendo, mierda,
mierda, mierda misma, estoy hablando conmigo escuchando en la mesa todo el
misterio en tu humo. Se me queman las neuronas de tanta espera sintetizada, de
cada beso perdido, de cada niño dormido. Estoy burlando la muerte mientras
espero que llegue. Estoy sin saber que quiero, pues es lo que necesito, saber qué
es lo que mi ser quiere desde que era cualquier niño.
El pasado me está hablando para probar mis delirios, para
contarme la historia de mi esencia adormecida. Está tres veces mi nombre,
mensajes del universo, recuerda lo que
me trajo a repetir mi destino. La verdad no estoy cansada, estoy deteniendo el
tiempo de sentirte aquí en mi casa y dejar de ser un niño. Deja de sentirme
miedo, solo quiero que me escuches, no des por hecho el silencio que todavía te
escucho. Deja de romper tus miedos, deja de gritar basura, no esperes que en un
instante la inmensidad sea tuya. Un alfiler en tu oído te mantiene repitiendo
lo que pretendes saber y lo que en realidad no es. No eres ninguna poeta, tu
oración ya me durmió, deja de pensarme en serio y sabrás quien eres tú. Al
revés te escribí todo y seguiste tu instinto, repugnante y podrida sabiduría
dormida, desperdicio de mujer, no podrías ser artista sin aceptarte al revés.
… ¿Ves? Sigo sin gustarme, pero al ratito te explico.
