13 de enero de 2013

Un analfabeta escribe más que yo.


Tengo mucho que escribir, pero no sé cómo.
Tengo mucho que gritar, escupir, expresar, emanar, golpear y matar. Tengo mucho, pero no sé cómo.

Espasmos mentales. Sin amor, con puro odio.
Estrangular, rasguñar, placer puro, esencia del grito de mi pasado. De lo que ni siquiera sé que pasó, pero es, y hoy se siente, hoy pesa, duele, y quiere estrangularme, ahogarme, y se siente perfecto, acomodado, equilibrado y justamente en su lugar. Gritando. Golpeando sin cesar.

Pero no sé cómo. ¡Como el juez con su martillo!

Deserotizé el dolor.
Rompí todos los secretos que creaban las palabras.
Escarifique un cristal con los recuerdos en mis muñecas.
Grite a tu cuerpo petrificado, negro y morado.
Escupí en las decisiones del amor.
Lloro y me estremezco de volver.

Flotando en el mar, pisando la arena, amando desconocidos, y haciendo arte de lo que no.
Resbalando mi sexo en la imaginación, erotizando de nuevo el miedo con el vaivén de mi pelvis, con el vórtice de mis deseos carnales.

Intentando escribir esto, intentando darle un toque a lo que no tiene sentido.
Son mis dedos encajados en mis propios pezones, en lo que soy, en lo que fui, en lo que me hace temblar, aterrorizarme.
Tengo miedo, un miedo terrible de mí y des mis propias manos.
De mis palabras, de cada letra que se construye con mi lengua.
Por eso la muevo, la siento en mis labios, en tu cuerpo, en el mío, siento mi lengua donde sea para sentir que estoy viva aunque no escriba.

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