Oye, dame la mano.
Corre conmigo, no detengas ese ritmo de tus piernas.
¿Qué no ves lo seco del trigo?
Que al correr la risa se vuelva eco,
que al gritar sea la brisa es solo un sueño,
y al morir seremos las últimas en amar.
No quiero volver a casa,
estampa tu pecho contra mi vida.
Abre tus heridas, restriega tu sangre contra la mía.
Haz que arda, así curará.
Atrévete a saltar al abismo y despegar conmigo.
Erotiza mis lágrimas.
Corre, corre hacia mi.
Pronto despegaremos, pero corre,
mientras puedas solo corre,
escapa, aléjate de ti.
Sigue saltando entre el sol y la luna
y a la orilla del río nos podremos morir.
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