23 de noviembre de 2014

Lo que hay


Cuando se van abriendo peldaños de la vida se descubren pañuelos envueltos con risas. 
Ya no tenemos nada, se nos fue todo y desde esta habitación donde escuché a mi corazón mirándome al espejo, escribo otra vez.

Le escribo a la nostalgia que es lo único que nos queda vivo. 
Le escribo a la añoranza que esa nunca se va. 
Le escribo al niño en triciclo, a la niña asustando a las palomas, al pensamiento incoherente de las personas, a la raza, al desvelo, al grito. 
Se nos termina el color gris y sufren nuestros anhelos. 

Hay suplicas, páginas en blanco, páginas ya escritas. Hay ritmo, bailes del alma, violines mostrando una esperanza.
Hay voces iluminadas con el don del canto, hay gritones en el tíanguis. 
Hay, siempre hay. 
Hay donde prender la luz, enchufes, hay pantalones nuevos, dedos que escriben, manos que borran, gente que mata, gente que ama. 
Hay, siempre hay más. 

Puertas que se cierran, llantos que secuestran la tranquilidad. 
Hay mil maneras de estar. 
Lejos, cerca, cerca estando lejos, lejos... Al lado de ti. Y eso me clavó vidrios en las pestañas, se incrustó una velita de cumpleaños en mi cien. 

Me estoy durmiendo y escribiendo. 
Por ejemplo me estoy volviendo demente pero cada vez más viva. 

Salgo corriendo a la calle y eso es lo que veo. La estancia maldita de la rutina. 
¿Cuándo podré matar algún mosquito? 
Me pican en todos lados.
Me pican como su nombre y el llanto de aquellas tardes malditas. 

Quiero matar al mosquito. 
Quiero matarlo. 

Hay odio, miseria, comida, gente sin comida, enfermedad. 
Hay algo. 
Hay ganas de matar, ganas de vivir. 
Hay ojos de niños pequeños, ojos de jóvenes enamorados, ojos de bondad. 
Bondad, hay bondad, hay gente que da, que quita, que avienta, que escupe. 
Hay teléfonos, llamadas, funerales, recuerdos. 
Hay. 

Hay comidas rápidas, 
Hay abortos, perdida de la memoria, búsqueda de la renovación del alma. 
Hay un Mexico sin esperanza, países con ilusiones, vagabundos, hay gente adinerada, gente manipulada, quien llego a la cárcel, al manicomio, al asilo, a la vida. 
Hay mudanzas, naranjas y calcetines. 
Hay cartas sin enviar, paquetería extraviada, mensajes, correos, cartas, cuentos y poemas incompletos. 
Hay tantas cosas que no he sabido a ciencia cierta cuanto es lo que hay perdido en esta habitación color fosforescente en la que me introduje algún día, aquel día en que nací, sabiendo que había vida, que había algo más, como un puntero señalando el infinito.
Eso es lo que hay, lo que siempre hay.
Incertidumbre.

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