15 de septiembre de 2014

Letras de mis lágrimas


El tiempo pasa y con él los endemoniados recuerdos cobran vida, se atesoran y retumban en voces mal sintonizadas.

Se escucha el vibrar de su ausencia, de su silencio, de su inolvidable sonrisa y despedida eterna.
¿Quién era yo para saber de más?
¿En quién quería convertirme?

El tiempo está pasando como un remolino diabólico que incrementa el agujero negro que existe en mi corazón desde tu muerte.

El dolor sabe agrio, constante, punzante y cada vez día vivo más ante las manecillas del reloj.
¿Dónde habré dejado el frasco de lágrimas que contiene tu partida?

Hoy extraño tu voz, tus manos, tus labios, tus ojos llenos de luz muerta, tus piernas que sostenían tu vida, tus cabellos enredados entre sudor y tu barbilla de hombre vagabundo.
Te extraño como al verbo mismo, como al dolor claro, como al ácido vertiente del estómago enfermo.
Te extraño y te anhelo en cada uno de mis sueños, de mis pasos, de mis logros.
Te imploro en letras, en música, en danza, en cigarros y bisturíes.
Te amo y recuerdo que no existió mayor bendición que el momento en que me hablabas y abrazabas al lado de la ventana, entraba el sol, me cubrías con tus brazos y suplicabas tanto que dejara ir el pasado y viviera en el hoy.
Sin siquiera saber que hoy eres mi pasado y mi presente constante.


El tiempo pasa y con el tu ausencia se hace más clara.

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