Que deslumbra,
que embelesa.
Que esconde sus tres secretos,
de todos los vientos cuerdos.
Mantengo en pie lo incompleto,
funjo como resistol.
El vidrio quemado está brillando por mí.
Y sí, soy tanta luz,
lucesita de vida para un triangulo,
para un túnel indeleble.
Que se estira en trescientos pedacitos,
una piedra preciosa que mantiene la paz,
que es el estado zen de la psicosis.
Soy la algarabía de la perdición,
el brillo del mar para el mundo entero
que por dentro se consume.
Me consume la eterna bendición de ser yo,
perseguida por la belleza del deslumbramiento,
voy cargando el pilar de una sirena prohibida.
Nací para unir la arena,
soy una joya escondida,
en el puerto del amor
he de vaciar el mar,
Y contar la sal.
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