17 de julio de 2014

Metamorfosis Ivone a Gabriela:



Fui tejiendo mi jaula de color dorado oro.
Esperanzada en encontrar el acomodo perfecto del caos me situaba en el riachuelo de mi propia perdición.
Acomodaba las piezas en desorden, acumulaba secretos dolorosos que le suplicaban a las tinieblas recorrer tus venas para así pincharlas y se hiciera el río más grande del suplicio y el silencio.
Me aferraba a hacerte huir.
He perdido la cuenta de mis propios dedos, de mis ojos y mi lengua al mencionar mi plan de escaparate.

El tintero venía escondiendo el verdadero plan para escapar.
Una grisácea y verdosa masa se fue colapsando y se entretejieron las suplicas hacia el todopoderoso.
Se quebrantaron los fierros, se atravesaron las entrelineas de las páginas bíblicas de mi muerte y finalmente tu pajarito dormido encontró el nuevo lenguaje de la huida hacía la utópica y verdadera brisa.

Inmersa en el principio del vuelo lineal he de huir de mi aleteo quebrado que mantenía tu vaivén al ritmo de la demora.

¡Vuela, ama, siente, crea, vive colibrí! Tú ganas…

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