Se resbala de mis manos luz pura, soplidos de tu respiración en mi oído, se concentran tus manos en mi espalda y con tu brazo derecho me posees, me tienes... Y yo me rompo.
Me hago vulnerable, me podrías masticar, hacerme agujeros sobre agujeros. Tumbarme, luego retomarme, soltarme y que sin duda me sostengas.
Me pierdo en tus labios, en tus ojos me desvivo, en tu cuerpo me despierto y en tu cuello me mantengo. Derecha, con firmeza, con postura de nuevo, para volver a caer entre los hilos que cosen nuestro presente. Hoy es hoy, un hoy eterno, para ser capaces de morirnos mañana.
Cuatro días voltearon al mundo de cabeza y comienzo a respirar, a escuchar, a volver la cordura la miseria más inconclusa ante mis latidos de colibrí. Me encuentro perdida en el recuerdo del vaivén de nuestra pasión, de nuestra agitación, respiración, fluido, suspiro de nuevo, sonrisa y ¿en qué momento?
La intensión estará por siempre en secreto, en intimidad, en misterio, en un sin número de abril sin dormir para despertarnos y comenzar a vivirnos, desvivirnos y tomarnos.
Mientras tanto sigamos siendo la eternidad...
Se ha detenido el tiempo, somos la obra de arte más preciada de este museo que llamamos nosotras.
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