10 de abril de 2014

Un pequeño secreto de Dios

Un vaso sigilosamente colocado a la orilla de un baúl existe.
Y el dolor que existe en la ópera se le descompone a una mujer entre golpes y una almohada.
Entresacadas de pasión, entre labios, entre dientes, manos y pestañas.
Entre tanto, entre piernas, entre labios, entre mi sexo.

El miedo petrifica el cántico del mañana. Descompone las conexiones del lenguaje, grito de un columpio rechinando.
Benditas cuerdas vocales.
Garganta sagrada, saliva para los dioses.
Furia.
Silencio.
Demora, silbido agonizante.
Huida, triste huida...

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