Ahí, sentado bajo el sol, suplicando recibir, suplicando un centavo.
Ahí, sin sueños, ahí desgraciado.
Sin saber siquiera que desde que lo veo, desde que llego en mi coche, con mi celular, mi bolsa y mi dinero, más me da él con su simple existencia que yo con mis pinches 20 pesos y demás posesiones.
Un vagabundo me regala el mayor de sus secretos. Él sí es rico en alma.
Así que si algún día pudiera ser grande, recaudaría mi poderío en ser la mirada de un mendigo.
En vez de 5 monedas que yo pudiera darle, él me sonríe, él reacciona, él agradece y me regala la razón de mi existir.
Los plátanos se han vuelto el regalo más valioso para mis pasitos por la vida. La contribución en especie es el lenguaje del universo, pues me hacen comprobar, uno a uno que mediante mi existencia, Dios y el mismo diablo se valen para escupir rayitos de luz.
El silencio de la tarde nos cobijó y mi corazón latía más rápido que mis alas de colibrí.
Yo no soy la que acciona, yo soy la que recibe, pues cada una de sus reacciones se irán conmigo hasta el día de mi muerte, estarán guardadas en mi silencio por el resto de mis días hasta que la tumba tape mi respiración.
Un vagabundo es mi aliado, mi guerrero, mi fuerza, mi mayor secreto.
Ojalá algún día me toque ser el....
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