4 de enero de 2014

"Algún día es hoy"

Si necesitara escribir, solamente un instante bastaría para despertar de un golpe todo lo que hoy cambió.
Si las nubes fueran yo, no tendrían ni un poquito de cordura, ni un poquito de descanso, ni siquiera de aliento.


Si necesitara vivir, la misma muerte ataría sus espadas de dolor para mantenerme cerca de las tripas de mi Dios; mantendría las palabras enlazadas en el llanto de una puta; en los senos de una diosa, en el ombligo de un hada y las escamas de un pez.
La oscuridad reclama el informe anual de mi poeta dormido, de mis negras intenciones, de mi maldad enfocada y tanta luz aparentada.
Tengo treinta carcajadas atoradas en la boca, incrustadas en el centro de cualquier parte del cuerpo. Me duelen todas las uñas, mis huesos se me derriten, mi esternón pide respiros y mi bilis ya está hirviendo.


Creo que todos quieren eso, una taza de mi bilis. Estoy poniéndole azúcar y un toque de mi saliva, tal vez para que quien quiera, disfrute las apariencias de mi belleza, de mi tranquilidad, de mis suspiros, de mi sonrisa azucarada y pura.

Mis ojos ya han aprendido a mentir.
A que enfoquen en lo debido, a que la luz se refleje perfectamente y mi boquita no estorbe.
He aprendido a engañar con todo mí ser, con mis dedos, mi lengua, mis letras y mis lágrimas.

Si pudiera tan solo contener la sensación acomunada en la palma de mis manos, tendría ya diez mil agujeros negros en el centro y otro tanto en las orillas. A través de estos se deslumbrarían cuarenta millones de atardeceres tomados de tu mano.
Vuelco el humo procedente de mis labios color rosa, color brillo, color turquesa.
Tiemblo de frío por los besos de la muerte y el parpadeo de mis costillas se torna repetitivo, constante y doloroso.
La rendija hacia el destino es cada vez más pequeña y con sabor al tinte de mis mejillas sabor a vino tinto. Pues es inevitable él ir y venir de gente en mi interminable visión de la variación continúa de mi pasado, presente y futuro.
Voy, voy... No paro, ni un segundo me detengo.
Pues la vida me continúa meciendo en este volcán absoluto de verdades y misterios.
Donde quiera que me encuentre, todo esto es interminable, sonoro y continuo, pues no hay salidas ni pausas, no existe el escape perfecto ni el silencio de paz que tanto se añora.
No viene, no llega y dentro de este espacio con tiempos indefinidos la espera será irreemplazable y única.

Trescientos letras formando mi vida, calculando con precisión lo impreciso.
Hablando el idioma de una princesa encerrada en un cuento de hadas.
Sollozando el miedo, suspirando el aliento de los cementerios.
Haciendo el amor con cadáveres, buscando orificios en las ventanas de edificios viejos.
Infinidad de historias, imágenes y recuerdos buscando un nombre, queriendo testigos de existencia.
Estoy bajo el control de cientos de alucinógenos.
La morfina deteriora mis sueños y sigo secretando la dopamina perfecta en cada una de mis lágrimas cuando caen al mar.

…si tuviera una navaja, me habría ahorrado dos minutos de mi vida o en el mejor de los casos, toda.

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