Un demonio indiferente me retiene, me revuelve y me colapsa.
Con goteras descifradas, deambulando las razones,
monitoreando masones.
Colándose por alcantarillas mal compuestas, la indiferencia maldita visita las madrugadas deformando
corazones.
No hay sonido en el silencio
y el insomnio de satán invoca los 7 vientos.
Somos hijos de la luz,
Vertientes sensuales y egoístas tiernos,
Sin dudar de las tinieblas,
somos fuego en rebelión.
Somos hijos del silencio que retiene las pisadas
que no hablan de misterios, ni siquiera de un credo,
se trata de tres costuras que guardas dentro del miedo.
Inspiraciones divinas,
secretos de enseñanza,
hermético sentimiento,
trizas de alumbramiento.
Soy Gabriela, la hija de lucifer.
Imagen de lo absoluto
camino a la deidad,
sin castración, con libertad.
Paraíso de la luz, sigilosa expresión,
golpes de un pecho ansioso ante mi sexualidad,
albedrío prioritario de necesidad filosófica.
Ocultismo de amor puro,
caída y gotas de agua,
ritual de pasión y miedo
y de lumbre
renaciendo.
Dramático renacer,
fénix carcomido y vivo,
indagación de un blanco escondido
en este juego de azar.
Bajo el crucifijo eterno,
gritos de maldición blanca,
sangre fresca, piel judía,
cruz maldita, filosofía subversiva.
Un ojo triangular,
Y el poderío de vida,
Es el hambre de luz,
la sed de la sangre pura.
Alianza de vida,
Unión equilibrada,
Pureza, nombre, vida, tiempo
y lo inefable de nosotras.
…voy a hacerlo todo, voy a gritar y a callar mientras me sigo
durmiendo.
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