3 de septiembre de 2013

No puedo callarme, ¿alguien lo entiende?


Ya no sé si escribir me ha hecho recuperar algo, menos sé si al explicar me he quedado sin voz, con cicatrices de llanto y mis labios empapados. 

Pero se concretamente que mis dedos se deslizan al vaivén de tu compás y tus curvas de mujer. 


No he avisado a mis padres que mis dedos se quebraron, pero si he apuntado que siempre quise bailar. Entre cenizas y humo mi lengua se me derrite, mientras las letras señalan lo empañado de mis senos. Un sonido me repite que fue otro mi motivo por gritar tanta basura al silencio detenido. No voy a gritarles su nombre aunque se arman las letras con su apariencia y la mía. 


El puntero entre las rallas de mis alas recortadas con periódico se anuncian al advertir mi llegada. No estoy contenta por esto, pero muy alto reclamo que un hombre es el que espera un suicidio repetido. Soy egoísta aunque quiero mis líquidos esconder, pues el sexo y mi mirada evitan el aire eterno. Mi voz se hace real en cualquier delirio puesto, desde mi muerte hasta hoy mil tatuajes he comido. No sé si sepa escribir lo que mi llanto decía pero estoy por aventarme desde un quinto piso frío. Están helados mis pies, están calientes mis manos, pero como siempre digo, la ruleta comenzó. Va un año de palabras, van dos sombras repetidas, van tres gritos de ausencia y noventa al azar. Es el juego de la vida que empieza al día siguiente de cualquiera que sea el día. 


Ya no voy a repetir cualquier delirio movido desde mi corazón dormido, pero sí recuperar la entereza de un grito. Un grito que se voltea cada vez que yo me callo, pues me alimento de esto porque mañana sonrío. Aunque no entienda el dialecto voy golpeando mis cabellos contra el aire de la aurora entre cascadas y viento. Un demoniaco momento el que conservan mis pasos, al detenerme me muevo ante mi escéptico mundo. No sé qué es lo que pasó pero locura lo llaman, voy a volar cuando puedan ignorar que cayendo es como vivo, voy a flotar sin mis alas mientras escuchas mi llanto, a ver si así te detienes a acariciar mis entrañas. Tengo los ojos cerrados aleatoriamente muertos, pero la luz me atraviesa por el centro de mi cuerpo. No estoy de acuerdo con nadie, ni siquiera con mi alma pero aquí sigo intentando desmarañar cada enredo. Y solo espero que algún día pueda sentir mis piernas y evitar embarrarme con pura palabrería.

Así es como me doy cuenta que no he terminado esto, he de vivir entre el arte, pues las ganas no me faltan de dejarlo inconcluso…

No hay comentarios:

Publicar un comentario