Hoy descubrí el sentido de lo que siempre he experimentado con mis palabras. Tatuarme hoy fue hacer tangible cada uno de mis gritos del pasado, fue vibrar, que quemara, que doliera cada lágrima de sangre. Hoy recuperé todas las palabras que algún día escribí, las sentí, las viví, experimente cada respiración del cosmos maldito, cada pedazo roto de mi corazón, cada bisturí perdido, cada palabra enredada, cada suicidio pintado, cada vida en cada muerte.
Comprendí que había estado dormida de un enorme cachito de mi cuerpo, que no me acercaba ni poquito al placer del dolor en mis muñecas...
El ardor, la incomodidad, la constante punzada me repite mi nombre y mi afán por el patrón de vivir de esta manera, de ir en caída libre, de no retomar el mismo vuelo, de caer eternamente sin paracaídas, al límite entre la vida y la muerte. Fue dibujar en mi cuerpo la inspiración de mi aliento, por fin escuche mi voz...
Hoy me di cuenta que nada de que se siente ser yo, lo estaba sólo inventado pues hoy sentí el dolor igual de detallado en mi espalda que en cada uno de mis poemas y he ahí la razón por ese afán mío de no me cansarme de repetirlo, no voy a parar de tatuar mi vida así.
Siempre escupiré mis signos vitales entre el dolor y mi cuerpo, encarnaré cada piquete de color y no dejare de saborear la sangre caliente salir, pues vivo el ardor real de lo que signfica subsistir...

No hay comentarios:
Publicar un comentario