Atenta no estaba cuando llegó, digo, es natural una mirada entre tanta bailarina, y mientras, yo sigo coexistiendo dentro de mi hábitat, shock instantáneo.
Lo ví entre la rendija de las paredes, oculto, siempre ocultos los malditos, mitad de su pierna izquierda y su mano se ajitaba atrás de la puerta. El reflejo de los azulejos me mostraba la verdad. Pues claro, la verdad siempre está escondida en los reflejos, ¿sabías?. Ahí estaba, dándose ese asqueroso placer escondido entre los lavamanos. Escoria de humano, peste universal de un placer vano, su ojo se dejaba de ver cada 3 segundos a través de la puerta, me estaba mirando. Estoy en shock, shock instantáneo, dije.
No puedo hablar, ¿para qué tuve que verlo?, voy a vomitar esa pestilente realidad del momento en que tuve que sentarme justo en esa dirección. Estúpida yo, estúpido él, estúpidos los dos que decidimos coincidir justo ahí, justo yo y justo él, ¿para qué yo?, sigo sin entender ¿para qué tuve que ser yo quién lo viera masturbarse?
Maldita la hora, en que nos topamos... Ya no te voy a olvidar...
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