21 de agosto de 2013

Mi chocolate y tú.


El vidrio esta empapado del sudor de la vida, y mi chocolate en su punto
.
La gente discute sus puntos de opinión, cuenta su vida, lee libros, se duerme, toma café y se enamora un rato.
Y yo hoy traigo una falda y un top de florecitas, las gotas se detienen a través del vidrio, la ciudad sigue despierta y en esta cafetería se sigue deteniendo el tiempo.

Ella con sus amigas, acaba de terminar con él. Su vida dice que está caminando, porque ahora le vale madre la hora que sea para poder salir a divertirse. Él no quería compromiso y ahora rompe con sus supuestos paradigmas y se va de after sin pedos. Vida vacía.

La otra en la banca de la entrada, esperando quien la compre. Putísima.

Los amigos físicos, deteniendo el tiempo en mundo paralelo virtual. Desperdicio.

El vidrio sigue igual de empapado, igual que las calles de esta ciudad, empapadas, resbalosas, silenciosas y solitarias por la hora, o por la guerra.

Yo ya casi termino mi chocolate caliente, pero ahora sólo se encuentra tibio porque tu no estás... O tal vez porque me detengo en cada sorbo a observar lo que rodea mi momento y el de ellos.

Ya casi me sabe a pura canela. Y tú me sigues extrañando, mientras viajas para acá. Pero la ciudad sigue mojada, llorando tu ausencia.

Ahora escucho el sonido de las llantas del coche, ya me fui de aquel lugar lleno de recuerdos, melancolía, ideas y justamente instantes que me robo al escribirlos. Usurpo su instante que tal vez mañana olvidarán, recordarán o atesorarán como el instante preciso para su existencia, como yo aquel día lo hice contigo.

Ya casi es el último sorbo...

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