21 de agosto de 2013

A veces no sé si ya desperté


Constantemente me pellizco los pezones para asegurarme de estar viva.


Tal vez por eso soy lesbiana. 

Y es que cómo tantas veces en mi vida, ya me la sé, tengo tan abiertos los ojos y me dedico a verificar con una cuchara que tan redondas están las cuencas de mis globos oculares, todo con el afán de insistir por la pena que me da engañar a un simple campesino. Pues sigue siendo como siempre solo una biferasión de mi imaginación, un deseo de mi inconsciente y las ánimas de mi Satanás bendito. 

Estoy encerrada dentro de un carro, estoy empezando a sentir claustrofobia. Que ¿qué pasa con mi cuerpo? Solamente escucha lo que mi mente dice y cree, sintiendo como mi corazón se acelera, palpita, retumba desde mi esternón hasta mi coronilla. 

Y ahí viene, ahí va, le di un golpe a la manija. Comenzó a pitar la alarma del coche, pero… ¡Yo no fui, lo juro! Estoy segura que fue la patada de alguien más. Pero… ¡no llores niña! Te juro que no fue adrede. Al menos dame utopías, pasándome causas perdidas y adoloridas, sálvame de este entierro. 

Y ahí viene de nuevo la insistencia, son sinuosos movimientos, rojo, rojo y delicadeza en silencio tu cuerpo y nosotros. Bailarinas con movimiento, tu y mi feminidad expuesta, descarada, tuya, tuya y mía porque la compartimos. Coloreando, declamando… 

Me convierto en una dama queriendo elegancia, sufriendo y expresando un estereotipo, poso, buscando donde dirigirme. ¿Qué más somos sino esto? Cisne, blanca, mujer. No quiero perderme cualquier detalle, ni para escribir dejo de voltear. Un detalle, un instante, calidad, estética de belleza. Jugueteo de colores, sábanas y amores, tentaciones, nada más que tentación encolerizada, dramática y fugaz, movimiento con coraje. 
 …yo y mi risa pícara ante cualquier error instantáneo. Ligereza, escupitajo de destreza. 

Bendita la hora de esta verdad aclarecida en nuestros senos, donde se esconde la luz de la fantasía real.
Tiemblo, tiemblo, tiemblo y volteo, gateo, observo, abro las piernas, me las quito, me las pongo, jalo y brinco para caer entre tanto rechazo. 

Estoy aquí sola, sentada con mi cigarro, escuchando el aplauso de mi estúpido corazón alumbrado entre llanto de perdición y demora injusta. 

Soy lo mas disperso posible. 

Y no sabía si contar el tiempo era mejor que liberarlo, pues tocó constantemente el vidrio y en sus nudillos quedaron pedacitos del pasado.
Pues solo te pido que no me hables sobre la tercera dimensión de mis cicatrices.
Soy un cordón blanco, un hule grueso, vidrio limpios y rotos. Soy risa elevada en un cuarto desordenado. 

Pero, ¿qué chingados te pasa? ¿Así vas a dejar tus mocos en el techo?

Oye, ¿ya es de día?

No hay comentarios:

Publicar un comentario