Quizás quería desde entonces cortarme las venas con lo más filoso que tuviera o tan siquiera partir mi cuerpo en dos, justo como una autopsia letal. Pues siempre he sabido que dedico mi vida a vivir en un anfiteatro mental, deseando cortarme cualquier parte de mi cuerpo en pedazos, pero precisamente para sentir como se encaja cualquier metal o el filo de un espejo estrellado con mis propias manos sangradas.
Cuando retomo el tema sé que siempre he tenido el vago y delicado deseo de rasgarme los ligamentos o los intestinos mientras observo cada detalle de mi certera supervivencia, de mi instinto por morir y mi miedo por la duda, pero mi placer a la incertidumbre...
Y es que siempre todo esto comienza como una simple gota de lluvia, por un ¿por qué? pero se convierte en gritos de tanto relámpago al formular el ¿cómo?. Mi mente es la tormenta más grande que he conocido hasta ahora. Y tal vez no quisiera imponer la verdad del orgasmo vital en el que me encuentro, pues al final sólo el artista que soy la entiende, pero sé que me tomará una eternidad demostrar que sólo con innovación lograré formular el mejor de los suicidios en la historia de esta decadente humanidad.
Por tanto, les recomiendo simplemente tener papel y lápiz a la mano, y quizá sea necesaria hasta una cámara y abrir todo el lente para detallar perfectamente lo que vendrá después de que deje de gritar y me mantenga en silencio.
Pues solo así será verdad…
Muy bonito.
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