Entonces he de comprender que cualquier día de mi vida, por más quemada que tenga la lengua podré situarme como un elemento fantasmal de cualquier existencia. Porque sin tomarme el tiempo de darme cuenta que estoy parada en el borde del abismo, no podré disfrutar de la libertad que tengo de decidir aventarme o no. No sé tampoco si sea preciso decir que la duda seguirá existiendo pues estaría aceptando la totalidad, pero si comprender que al empaparme en ella no podré jamás caer…
…Y yo, lo que precisamente quiero, es caer. Caer no sé si en alguien o en algo, pero lo que sí sé, es perfectamente que el verbo me produce una excitación clara y detonante de que a algún lugar infernal voy, pues la gloria está dónde menos te lo esperas. Y si el caer implica en algún momento perjudicarme, sabré reconocerme en el límite del vacío, pues la duda me mantendrá atenta y la incertidumbre más despierta aún, pues saber que el tiempo escapa, es precisamente saber que estamos vivos en un aquí y en un ahora.
Entonces quedará entendido que el viento será el vivir, el agua será existir, la tierra pertenecer y el fuego, lo más claro y hermoso para cualquier ser, arder. He de vivir, existir, pertenecer y arder en cualquier cuerpo que esté frente a mí, pues cualquier chiflido de sus destellos, me ha llamado desde que surgí en el vientre de mi madre.
Y cuando uno se sienta y encasilla, el cerebro no tiene a dónde moverse más que al son de los dedos y los labios, pues una vez más sabrás que el límite se vuelve cada día más transparente.
Y será tanto mi afán por encontrar algo, que sé precisamente cuantos días van de que perdí ese gran amor que todos hemos de perder algún día, ya sea por muerte o suicidio, pero estamos destinados a la tragedia, pues nos han creado solo como un método de comedia para el Dios del Dios. Y si pudieras un día entender tu función, te darás cuenta que eres el más podrido de los chistes y aún así, continuarás buscando otra razón de existir, pues es el entretenimiento de aquel que está en los cielos: continuar botado de la risa por tu constante intento.
No me doy asco por ser tan estúpidamente humano, pues estoy constantemente perdiendo la escoria de aquel encendedor perdido, de cualquier vestigio de razón. Y menos tengo una idea de si sí me podré dar a entender algún día, pero yo siquiera lo intento porque sin esto, no habría más risa para aquel que se cree sabio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario