Tan sucia como el cemento,
que la eternidad regala,
entonces te escribiría
el fulgor de mi secreto.
La princesa y sus destellos
se ha convertido en mi misma.
Me ha tomado de los labios
salvándonos en la luna.
Con sus palabras me besa,
renombrando en mi cuerpo
la flor que engendró mi vida
En ningún lugar nos vemos.
Metiéndonos en la nave
de enigmas existenciales
volteamos el infinito
y lo hacemos mil cachitos.
No tendría las agallas
de escupirte mis pasiones,
pues tornándome a amarte
irrumpí mil y un miedos.
¿Qué esconderás en tus ojos?
Que tanta belleza obtengo
Al poseerte en tu lecho
¿Será deseo o muerte?
Escondes la inexistencia
situándome en tu cuerpo,
desenmarañando el tiempo
al estar en ningún lado.
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