3 de octubre de 2012
A ese estúpido suicida
A los 19 años me enamoré de un gran hombre suicida, infeliz, loco y obsesionado a la medicina y los bisturís. Realizaba alrededor de quinientas suturas al día en época de exámenes finales. En ese entonces yo solo lo observaba desvelarse a través del monitor. A veces también lo escuchaba, a través del teléfono, con una voz impávida, delirando tecnicismos medicinales sobre el cuerpo humano.
Tanto fue que se cansó, tanto se desveló, tanto no quería tener tiempo para vivir, que ahora solo quedó al aire tanto esfuerzo y dedicación. ¿Habrá sido la enseñanza de la pasión pura a la profesión, el haber dado su último cansancio de vida al arte medicinal?, pero es algo que nunca basta, la pasión no le bastó, su inestabilidad y desilusión en la vida fue mayor, fue su error, vivir para sentirse desilusionado.
Él nunca supo lo mucho que fue para mí, se dedico a recordar constantemente su dolor al vivir, no al disfrute de lo que podría hacerlo olvidar el tedio de la vida real. Yo me enamore de él, siendo lesbiana lo amé, como nunca había estado dispuesta a amar a un hombre. Lo amé como una novela dramática, conmemorada, con titulo muy artístico. Tanto pero en un silencio eterno, con miedo de alejarlo, de perderlo.
Pero que reventada es la vida, te acuerdas? Uno hace y otro deshace. Así mismo. El se deshizo y yo con ímpetu quise deshacer mi amor y admiración hacia él, hacia su existencia y hoy, el ya lo sabe, sin estar, sé que lo sabe. Se suicido, voló, no sus sesos pero si sus ilusiones. Termino su camino, le dio finito. Con una firma infinita en mi corazón.
Me enamoré de un gran cobarde, de un estúpido impostor pero que tanto amé.
A los 18 años me conoció, a los 19 me enamoró, lo viví, le perdí y le lloré. A los 19 años me enamoré de ese estúpido suicida.
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