La canica se resbala
con el fulgor de la estopa.
Parpadeante caracola
entre vidrio encantadora.
El oleaje la mantiene
entre suaves algodones,
imaginada desnuda
desde entonces, hasta entonces.
Un titánico murmullo
exprimía el encanto.
La canica rebotando
y el limón agrio quemado.
En limón me convertí
y la canica rodando
entre dulces lagrimitas
se convertía en ti.
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