25 de mayo de 2012

A la mujer que ama a la mía:


Yo sé que esto nunca va a llegar hasta tus manos...

No, no, espera...

...para serte sincera me divierte mucho pensar que cabe la posibilidad de que sí llegue a tus manos y lo estés leyendo. Más que diversión es curiosidad de saber cómo es que lo estás leyendo y lo extraña que ha de ser para ti la situación.

No tengo miedo a que me odies, me quieras golpear o hasta matar. Te entiendo perfectamente. Tengo miedo, mejor dicho, a la gran empatía y comprensión que siento hacía tu persona en este momento.
La amas mucho, no te culpo. Ya veo por qué, por lo mismo sé lo que has de estar pasando, has dejado ir a una niña excepcional, la rabia debe estar carcomiéndote por perder lo que tenias...
¡Pero espera!, no se va. Solo muta.


Ella existe, aquí la tienes, deja de hacer como si no te afectara lo mucho que es. Ella es tanto como tú o yo lo somos. Ella es oro. Eso te está matando, déjate vivir y valora lo que ésta niña te dejó impregnado: puro amor y compañía, dudo que egoísmo. Ya abre los ojos, ya eres mayor.


No he venido a remplazarte, mucho menos crear guerra. La vida me ha puesto aquí para ser parte de su transformación vital. Como la vida a la muerte. Deja que te pase, permite el cambio, sé que tú quieres volar, no te cortes más las alas. Utiliza las que ella se dedicó a enseñarte que existían.
Ella tal vez te ame, pero abre los ojos que las cosas siempre cambian, y no supiste ver que el amor también, no le veo nada de malo, por eso mismo quiero escribirte para que sepas recibir este giro existencial.

Respira. Date tiempo y vive, que es lo único que podemos intentar hacer bien.

Por último, a ti te juro no hacerle daño. Puedes estarte tranquila. La ayudaré a respirar y también, si es necesario, dejarla emprender su viaje.

                                                                                      Con todo el respeto posible: Gabriela.

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