Me quedé dormida en el Hostal del Zócalo. A las cuatro de la tarde tenía que volver a la UADY a esas conferencias magistrales necesarias para obtener la constancia de ponente.
Me despierto y estaba completamente sola en un cuarto que desconocí al principio. Imaginé haberme acostado con alguna bella dama, o en su defecto algún galán que con palabrería me arrastró hasta su cama. Pero espera, no. No fué así. Al voltear al lado izquierdo de la cama encontré una nota:
"Me fuí a comer con Locarac, márcame si despiertas".
No, no era ni una bella dama ni un galán... era una de mis mejores amigas.
Salí de la habitación. Cerré la puerta para no volver a entrar.
El clima era cálido, la luz del día todavía se reflejaba en mis ojos, la gente en el centro de la ciudad había estado viviendo como hasta ese momento como si yo no existiera. Nadie me tenía en su cabeza, nadie se acordaba de mi realmente, pero yo... yo tan solitaria, me acordaba de todos, menos de mi.
En la esquina del hostal se encontraba un hombre chaparro, tez morena, cachucha del cruz azul y una cangurera. -"Plumas, plumas, cinco pesos, cinco pesos, para que escriba, anote y no se le olvide, para que escriba, anote y no se le olvideeeeee".
Seguí caminando pero como suelo ser una persona llena de memoria sensorial, mi mente no dejaba de gritarme: "Para que escriba, anote y no se olvide, para que escriba, anote y no se le olvide". ¿Para que escriba, anote y no se me olvide? - Me pregunté y me detuve al otro lado de la acera.
Me regresé a donde estaba ese vendedor de plumas y lo cuestioné:
-¿Para qué escriba, anote y no se me olvide?
-Sí, andele mija, llevese una plumita.
-Pero... ¿está seguro?, ¿Para que no se me olvide?
-Sí, ándele, a cinco pesitos.
-Mmmh, ¿No se me va a olvidar?, ¿Y los sentimientos qué?
Pobre vendedor...¿El qué culpa tenía?, la de los problemas era yo...
Ahora me da risa realmente... Me contestó: "No importa, llévese una, ándele". El solo quería vender plumitas y yo de existencialista. Le dije que no, gracias y me dirigí a la conferencia en la UADY.
Para serles sinceros yo no entendía ni una pizca de lo que se estaba hablando en la conferencia, o más que no entender, no me interesaba en lo mas mínimo, tenía otros problemas que resolver en mi cabeza. Sin embargo tenía que asistir. Después de haberme hundido un buen rato en mi propio mundo existencial saltó en mi mente, gracias a mis valiosos oídos que me regresan a la realidad, una pregunta de la mujer: ¿Y dónde están los textos?, supongo haciendo referencia a ¿Dónde está la gente que escribe?, (o por lo menos así lo entendí yo).
Automáticamente uní la situación anterior y comprendí, dentro de mi mundo, la conexión entre la situación en la esquina del hostal y el momento que estaba viviendo.
"No hay textos porque no compraron la pluma de $5 que vendían en la esquina afuera del hostal. Acuérdate que servía para escribir, anotar y no olvidar. A causa del no consumo de tales plumas de $5, la gente no escribe, no anota, por lo tanto olvida. Olvida hasta quién es".
(Después de ese momento me caché a mi misma tocándome un seno, aunque eso, creo, está de más).
Al día siguiente partí a Cancún y no supe más sobre el vendedor de plumas.
El viernes de esa misma semana regresé a Mérida a la clausura del congreso al que había asistido.
Por la tarde volví al hostal y me encontré de nuevo al vendedor de plumas.
-"Para que escriba, anote y no se le olvide, plumas, plumas".
Regresé con él, le sonreí y le compré cinco plumas.
Al final de cuentas, él había sido un elemento para comprender mi existencia en aquél entonces.
Merecía siquiera esa sonrisa.
Esas plumas ahora estan en manos de cinco diferentes escritoras: Esa mejor amiga de la que hablo, mi ex novia, dos amigas más y yo.
Escriban, anoten y no olviden jamás.
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